Mahdia

AMBIENTE TRADICIONAL Y ESPLÉNDIDAS PLAYAS

Mahdia obtiene todo su encanto de su mar de color zafiro, de sus magníficas playas, de su medina y de su animación de pequeño pueblo tradicional, lugar de pescadores y tejedores de seda.

La epopeya de Mahdia

Cuando en el 912, Ubayd Allah el Mahdi, alejándose de Kairuán, decidió elegir una capital para la nueva dinastía de los fatimíes, esperó a que sus astrólogos leyeran en las estrellas la dominación de la señal del león, símbolo de poder, para designar el cabo África, antiguo emporio cartaginés que forma una península inexpugnable, y darle su nombre: Mahdia.

Hizo construir fortificaciones en torno a la ciudad y arregló, en el lugar más estrecho de la península, un acceso que domina una imponente puerta denominada el Skiffa el Kahla (el “porche oscuro”). La ciudad contenía entonces, además del feudo del príncipe fatimí y su palacio, la gran mezquita, la administración y las tiendas de los artesanos.

Estos últimos, tejedores, herreros, joyeros, al igual que los comerciantes, se vieron obligados a vivir en Zouila, un suburbio creado en el continente, de modo que se creó una ciudad bipolar que experimentó una notable vida intelectual y artística.

Sin embargo, los fatimíes, debilitados por las rebeliones y los levantamientos internos, eligieron huir a Egipto y fundar El Cairo en el 973. Mahdia, dirigida desde entonces por los ziríes, fue escenario de epopeyas con las incursiones de los normandos de Sicilia, los genoveses y los caballeros de Malta, hasta las dinastías háfsida (1234), muradita (1612) y luego husainita (1705), que le garantizaron estabilidad y una repoblación sucesiva de andaluces y de anatolios, que la convirtieron en una ciudad rica en culturas y tradiciones.

Tradiciones

En el mercado semanal (los viernes), el Skiffa el Kahla se transforma en una verdadera caverna digna de Alí Baba y de Las mil y una noches, ya que las viejas tejedoras, bordadoras y costureras exponen trajes tradicionales preciosos para su venta. Estas mujeres extienden sederías y dorados, mientras que se practica un verdadero mercado del oro con las joyas. Es el momento de admirar el traje tradicional femenino de Mahdia, el más rico de Túnez sin lugar a dudas, tanto por el resplandor de la seda de vivos colores como por la suntuosidad de los bordados de hilo de oro.

En Mahdia, la decoración de los interiores de las viviendas es objeto de un verdadero culto; el "dar" (que significa "casa") es una auténtica obra de arte…

En las residencias más ricas, en particular en la calle del Hamza, que agrupa una docena de bellísimas casas construidas en el siglo pasado por los miembros de una misma familia, las paredes de las "majless" (habitación principal) se cubren de tejido bordado hasta dos tercios de su altura, mientras que la parte superior se decora con pinturas. Los estantes de madera, pintados de vivos colores, sostienen multitud de cerámica fina, perfumadores de cristal soplado de colores delicados, espejos antiguos con marcos dorados... La cornisa y el techo están pintados con motivos florales.

El tesoro de Mahdia

"Frente a la costa de Mahdia, a algunos kilómetros al noreste de esta prestigiosa ciudad, los pescadores de esponjas indicaron en 1907 la presencia de objetos antiguos sumergidos. El yacimiento contenía columnas y capiteles; las excavaciones permitieron constatar que se trataba en realidad de todo un barco cargado de objetos de arte para la construcción de un suntuoso edificio… ¡Qué rica carga! Además de las columnas, de los capiteles y de magníficas cráteras de mármol, se encontraron obras maestras en bronce, como el "Agar", el "Eros citaredo", el "Hermes de Dionisio", la "Enana bailando", "La carrera del Sátiro"... y esculturas de mármol, como este busto de Afrodita de una belleza totalmente divina."(Mohamed Fantar)

El cementerio marino

"El cementerio mágico de Mahdia extiende, de una orilla del promontorio a otra, su blancura inmaculada. Con el amarillo intenso de su campo de margaritas en primavera, las profundas siluetas de las murallas que lo rodean o los restos de una barca sobre la roca incinerada de la cala vecina, este cementerio marino ofrece, como ningún otro lugar, un gran sosiego y descanso espiritual."

En el corazón del Mediterráneo

Mahdia tiene también el encanto especial de los pueblos costeros: su puerto pesquero es uno de los más importantes de Túnez y está especializado en la sardina pescada a la luz de los focos, de modo que en las noches de verano, al partir los barcos, se crea un espectáculo fascinante que ilumina el mar y el puerto secular de Mahdia con mil candelas.

"Con los primeros albores del buen tiempo, el puerto parece más animado, con la subasta de los pescaderos y la llegada, con centenares o miles de cajas de sardinas, anchoas o jureles pescados en pleamar."

Los submarinistas se entusiasmarán con los fondos de Mahdia, ricos y variados, a veces con grandes profundidades, al mismo tiempo que soñarán con los famosos restos arqueológicos explorados antes por el comandante Cousteau…

Varios centros de buceo permiten iniciarse en esta práctica o mejorar y descubrir los lugares más interesantes.

Vacaciones en Mahdia

Con su gran puerto pesquero, su medina protegida de las olas, su ambiente tradicional y sus espléndidas playas, Mahdia tiene todo lo necesario para seducirle. Recientemente se han establecido allí nuevos hoteles, que la convierten en un buen centro vacacional a escala humana. Hace poco que Mahdia también se ha convertido en un destino de talasoterapia con dos centros integrados en hoteles de cuatro y cinco estrellas.

A tan solo 40 km de Mahdia, los forofos del golf encontrarán los dos campos de 18 hoyos de Monastir, el Palm Links y el Flamingo Golf Course.